Radio Unción Celestial | Prevención y Restauración
El acoso escolar ocurre cuando una persona o grupo agrede, humilla, excluye o intimida repetidamente a otra, aprovechando una diferencia de poder. Cuando esas conductas pasan a redes sociales, mensajes, fotografías o grupos digitales, hablamos de ciberacoso. No es una simple discusión entre compañeros cuando existe repetición, desequilibrio de poder y daño sostenido.
No es “cosa de muchachos” cuando hay daño repetido
Las burlas persistentes, amenazas, exclusión intencional, difusión de rumores, exposición en redes y agresiones pueden afectar autoestima, rendimiento escolar, sueño, relaciones y sensación de seguridad. Minimizar lo que ocurre puede hacer que la persona deje de pedir ayuda.
Señales que merecen atención
- Rechazo repentino a ir a la escuela.
- Aislamiento, tristeza o irritabilidad.
- Descenso del rendimiento.
- Pérdida frecuente de objetos o dinero.
- Cambios bruscos en el uso del teléfono o redes.
- Abandono de actividades que antes disfrutaba.
- Dolores físicos recurrentes sin una explicación clara, especialmente antes de asistir a clases.
Escuchar primero
Cuando un joven cuenta que está siendo acosado, la primera tarea es escuchar sin interrogarlo como si estuviera acusado. Frases como “ignóralos”, “defiéndete solo” o “eso le pasa a todo el mundo” pueden cerrar la comunicación. Es mejor agradecer que lo haya contado, reconocer que merece respeto y buscar soluciones con calma.
Qué pueden hacer los adultos
- Documentar lo ocurrido cuando sea posible.
- Informar al centro educativo y solicitar seguimiento.
- Evitar confrontaciones impulsivas que puedan aumentar el riesgo.
- Buscar apoyo psicológico si existe afectación emocional importante.
- Revisar configuraciones de privacidad y bloqueo en casos de ciberacoso.
- Si existen amenazas serias o violencia física, priorizar la seguridad y acudir a las instancias correspondientes.
El que acosa también necesita intervención
Corregir no significa humillar. Quien agrede debe asumir consecuencias, aprender empatía y comprender el impacto de sus acciones. Algunas conductas agresivas también pueden estar relacionadas con problemas familiares, modelos violentos o dificultades emocionales. Entender el origen no elimina la responsabilidad, pero puede ayudar a prevenir la repetición.
Cómo fortalecer al joven afectado
Además de detener el acoso, es importante ayudar a recuperar confianza, mantener amistades sanas, continuar actividades significativas y recordar que la identidad de una persona no está definida por lo que otros dicen de ella. La iglesia, la familia y la escuela pueden convertirse en espacios de seguridad cuando actúan con seriedad y respeto.
Palabra de esperanza
El acoso puede dejar heridas, pero no tiene que definir el futuro. Con protección, apoyo y acompañamiento, un joven puede recuperar seguridad, fortalecer su autoestima y volver a sentirse parte de una comunidad sana.
Oración final
Señor, protege a quienes sufren burlas, amenazas o exclusión. Dales adultos que los escuchen y defiendan con sabiduría. Transforma también el corazón de quienes agreden y enséñanos a construir hogares, escuelas, iglesias y comunidades donde reine el respeto, la verdad y la compasión. Amén.
Pastor Roberto de la Rosa Sánchez
Radio Unción Celestial
